lunes, 3 de noviembre de 2008

Marco Téorico






Es común al ir caminando por las calles de cualquier ciudad moderna encontrarnos con una inmensa gama de personajes, se les puede ver a cada uno de ellos un estilo propio, ya sea de vestir, de actuar, de comunicarse, o de caminar, lo importante es que podemos diferenciarlos, a los unos de los otros y a los otros de los unos.

Ahora bien, esta inmensa gama de apariencias o “looks” que podemos apreciar en las calles son tan solo la punta del iseberg. Lo que realmente no vemos, pues lo que percibimos es solo lo superficial, es que debajo de estas capas de ropas y de actitudes surgen multitudes de marcadas subculturas, de las cuales la mayoría de nosotros no tiene idea de que significan, ni que opinan o piensan sobre tal o cual tema, me atrevería a decir que muchos de nosotros no sabemos ni lo que son.

Comúnmente al ver a una persona que dista de nuestra forma de vestir y de actuar simplemente nos alejamos y nos contraemos a nuestra propia existencia, nos refugiamos en ella de un peligro inexistente. Estos actos, terriblemente nocivos, solo nos llevan a acentuar nuestra ignorancia sobre la pluriculturidad que inunda el medio, nos lleva a desconocer una parte de nuestra cultura, y desconociendo parte a parte nuestra sociedad terminamos por desconocernos nosotros mismos.

Retrayéndonos en nuestros impenetrables caparazones desconocemos un infinito universo plagado de otros seres humanos iguales, sino más enriquecidos mentalmente que nosotros. Dicho esto cabe indicar que precisamente somos los jóvenes los que más subculturas creamos, los que más caminos diferentes buscamos.

Nosotros, como jóvenes que somos, buscamos salirnos de las casillas, romper con los esquemas, derrumbar esos muros invisibles que limitan nuestra comprensión del universo y por eso retamos constantemente al poder o al dominio que ejerce sobre nosotros cualquier tipo de autoridad. De estos sismos provocados por nosotros mismos surgen estas subculturas de las que tanto hemos hablado ya. En estos espacios creados a nuestro antojo podemos ser libres para reinventar significados, modificar lenguajes, establecer unas nuevas formas de relaciones afectivas y de comunicaciones y, fundamentalmente de códigos estéticos que no estén supeditados a nada visto antes. Con esto logramos crear una identidad individual y colectiva, pero más importante aún, una identidad propia.

Es por esta identidad, que tanto buscamos y anhelamos, que nos vemos tanto atraídos como distanciados de otras personas.

Uno de estos grupos son los llamados “Punks”, quienes son los que escuchan música punk o siguen esta forma de vida. Comúnmente se los ve en la calle caminando, y por su apariencia son tildados de drogadictos y de problemáticos, siendo esto un grave error. Quien realmente adopta el punk como su forma de vida “no se mete con nadie, ni deja que nadie se meta con el”, como dijo con toda firmeza un adepto del punk que no dio ningún nombre, “es que sencillamente uno no deja que se metan con lo de uno, pero no es que uno busque problemas”. Alguien que realmente ama el punk se intenta alejar de los paradigmas del estado y sus gobernantes, aunque sin conseguirlo nunca, pues como dijo nuestro amigo anónimo “si tomas coca-cola, si pagas impuestos, si estudias en una privada (universidad), si haces cualquier cosa haces patre del sistema, eso te absorbe totalmente.” Como resultado podemos ver que los punkeros no son agresivos, solo territoriales y son además rebeldes con causa.

Conocer a alguien de tan diferente forma de pensar crearía una gran revolución en nuestros pensamientos. Con una persona con la cual seamos afines probablemente podamos establecer una sólida relación, todo esto depende de cual sea el nivel de similitud entre nosotros, aparte de otros muchos factores. Seria muy fácil congeniar con un sujeto con el cual compartimos modos de pensar similares, buscamos las mismas metas, anhelamos los mismos sueños, como también podría ser fácil con uno que simplemente escuche la misma música que nosotros o frecuente los mismos lugares que frecuentamos. Sea por una u otra razón tendemos a congeniar más con sujetos similares, a ser aceptados en sus grupos o a aceptar a uno de ellos en nuestro grupo.

Por otro lado entre los grupos y sujetos de diferentes formas de pensar es poco probable que se de un acercamiento mutuo, obviamente no es imposible, pero dado que las maneras de entender y de asumir el mundo son profundamente distintas entre los grupos fácilmente se pueden producir fricciones entre unos y otros.

Otra subcultura un poco mas aceptada socialmente es la de los llamados “Reggaetoneros” que al igual que los punkeros es basada en un genero musical llamado Reggaeton. El baile que esta música profesa debe ser bailado de forma sensual y adopta el nombre de ”Perreo”. Este movimiento surgió en America Latina y tomo gran fuerza en años pasados. A los reggaetoneros también se los asocia con las drogas y las armas, problemáticas sociales fuertemente arraigadas en nuestra cultura, pero es por que ellos vienen de barrios populares y estas cosas hacen parte de su día a día. Estos grupos utilizan sus líricas para expresar sus pensamientos, sus vivencias, su vida en su getto.

Como los reggaetoneros con su getto cada grupo procede de un lugar en específico. Al cada grupo vivir su mundo en un determinado espacio surge una relación simbiótica entre ambos, entre espacio y cultura. Cada uno de ellos vive por el otro. El sujeto depende terminantemente de un lugar en específico para ir a desarrollarse y, fundamentalmente para que el grupo interactúe libremente en un entorno propicio. Y el lugar depende del grupo por que éste le da un significado que nunca llegaría a tener por sí solo. Los grupos adecuan y asimilan sus lugares dado que en éstos se acentúan emociones y recuerdos que pueden ser materializados con y en el entorno, y así inundados con personalidad propia que refleja el modo de pensar de sus ocupantes.

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